¿Sería viable el césped artificial en una gran evento de selecciones nacionales?

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Ya ha empezado la Eurocopa. Ya ha comenzado España a defender su cetro. Tras la primera jornada poco se ha hablado en este país de Özil, CR7, Robben o Benzema. De lo que más se ha hablado es del estado del césped del Arena de Gdanks. Un estadio arquitectónicamente impresionante, pero cuyo estado del césped ha dejado malas impresiones. Incluso ha sido señalado en alguna ocasión como el responsable del primer “pinchazo” de La Roja (palabras de Xavi al término del partido El césped es un desastre; es lamentable jugar en un campo así).

Italia, cumpliendo con su derecho, solicitó que no se regase el terreno de juego en la previa del partido ni durante el descanso, por lo que el césped estaba lento en exceso, perjudicando al juego de la Selección. Pero lejos de entrar en debates futbolísticos, la pregunta que os lanzamos es: ¿Sería viable incorporar el césped artificial en una Eurocopa? La respuesta de la mayoría de los futbolistas y entrenadores es clara: NO.

Pero, ¿y la organización? No vamos a entrar en el debate de si es más económico el césped artificial que el natural, pero, ¿acaso es buena publicidad para un organizador de un torneo de esta envergadura que el protagonista sea el terreno de juego y no las Megaestrellas?¿Los patrocinadores del evento y de estas estrellas, que son los que realmente pagan todo el circo del fútbol, desean que se hable de los protagonistas o del estado del campo?

En el Mundial de Sudáfrica, en los estadios donde el terreno de juego corría el peligro de ser el protagonista se instaló, junto a la hierba natural, el césped artificial. ¿Alguien se quejó? ¿Acaso la prensa se hizo eco de que en el Mbombela Stadium, donde jugaron entre otros Argentina, había césped artificial? No. ¿Por qué? Simplemente porque el césped no fue el protagonista. Estoy seguro que los periodistas que allí estaban para cubrir el partido ni se percataron que el terreno de juego era mixto.

Actualmente el césped artificial no puede competir frente a un terreno de juego de hierba natural en perfecto estado, pero si la hierba natural no cumple con la calidad exigida (cualitativamente) para un torneo internacional, ¿qué hacemos? Si nos guiamos por los prejuicios hacia esta superficie, entonces no puede competir. Frente a los prejuicios infundados poco se puede hacer. Pero si nos ceñimos a datos cuantitativos de los últimos estudios científicos, sobre un bajo riesgo de lesión, una calidad de juego aceptable, una homogeneidad de la superficie ante cualquier circunstancia, entonces estaríamos hablando de una posibilidad a tener muy en cuenta. Precedentes no faltan. Calidad tampoco.