El triunfo del Efecto Pigmalión en el fútbol

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La denotada afinidad por el ámbito del fútbol que llevo mostrando a lo largo de mis aportaciones a este blog, unido a un ferviente interés por asociar una evidencia, a una semántica terminológica, me ha llevado a recurrir, en esta ocasión, al Efecto Pigmalión.

El análisis exhaustivo de documentación sobre el Efecto Mateo y la lista Forbes de clubes más ricos, para una de mis primeras aportaciones, me puso en contacto con el Efecto Pigmalión y su posible conexión con el ámbito deportivo y del liderazgo. La leyenda de Pigmalión, antiguo rey de Chipre, habla de un excelente escultor que, inspirándose en la bella Galatea, perfiló la figura de una hermosa dama sobre marfil con tanta minucia que se enamoró de ella. El mito cuenta que era tal la obsesión de este rey por la estatua que Venus decidió complacer a Pigmalión y dar vida a  esta efigie.

Como en el anterior mito, el Efecto Pigmalión es conocido como el influjo en el rendimiento de una persona a través de las creencias y expectativas de otra o, lo que es lo mismo, la relación directa entre las expectativas de un líder y la productividad de sus subordinados. Rosenthal y Jacobson evidenciaron este fenómeno haciendo creer a profesores de escuela que estaban al cargo de alumnos extraordinarios con una capacidad intelectual por encima del resto de los grupos. El resultado fue esclarecedor, el grupo experimental de alumnos sobre el que los profesores depositaron altas expectativas obtuvo resultados superiores al resto de alumnos en diferentes baterías de test, a pesar de que todos presentaban una capacidad intelectual similar. Este Efecto ha sido constatado en otros ámbitos como por ejemplo el mundo empresarial o investigador, pero ¿hay evidencia en el mundo del deporte?

El triunfo del Efecto Pigmalión en el fútbol - Cholo SimeoneEn este sentido, no podemos recurrir al ámbito científico para dar respuesta a esta pregunta pero disponemos de claros patrones que nos permiten explicar el Efecto Pigmalión desde una perspectiva futbolística. El caso más reciente y con mayor repercusión nos sitúa en uno de los finalistas en la última edición de la UEFA Champions League y no es otro que “el Cholo” Simeone. Un entrenador que ha elevado el Efecto Pigmalión a su máximo exponente, un líder que se hizo cargo de un equipo en posiciones de descenso y eliminado de la Copa del Rey y que lo ha convertido en campeón de Copa, de Liga y finalista del torneo más prestigioso a nivel de clubes. Una persona que no deja de manifestar públicamente la clave de su éxito, que no es más que su creencia y confianza en el equipo ¿y recuerdan cuál era la base científica del Efecto Pigmalión?

Pues sí, expectativas altas y confianza a cambio de éxito. Se trata de un ciclo continuo en el que el entrenador se fija altas expectativas que afectan a su comportamiento, la conducta del entrenador afecta a la ejecución y desarrollo psicológico del deportista hasta que su actuación confirma las expectativas fijadas al inicio por el líder, iniciando nuevamente el ciclo. Se trata de lo que los expertos han definido como profecía autocumplida. Luis Aragonés con la selección o José Mourinho convirtiendo al Oporto o Inter de Milán en campeón de Europa son otros ejemplos de cómo «tatuar» un gen ganador en sus jugadores por medio de la confianza, independientemente de las expectativas contextuales del entorno. Si el líder cree, los jugadores creen.

Con esto, no pretendo descubrir la clave del éxito en el fútbol, pero es cierto que en la actualidad, los equipos disponen de los mejores profesionales y de las técnicas más avanzadas en todas las parcelas que inciden en el rendimiento de sus jugadores y al final la diferencia reside en los pequeños detalles. La capacidad de transmitir confianza y depositar altas expectativas en los jugadores puede ser uno de esos detalles. En la mayoría de los casos, es muy sencillo alardear de confianza pero inocular esa credulidad en los jugadores no es tarea fácil y ahí es donde reside la esencia del Efecto Pigmalión, citando unas palabras del actual seleccionador de Brasil “un líder no es aquel que se impone a sus pares, sino el que influye en ellos por sus palabras, sus actitudes, su imagen”. Evidencias científicas han demostrado como la confianza en otra persona, logra acelerar su sistema límbico y con ello acelera la velocidad de pensamiento e incrementa la energía y lucidez, mejorando la eficacia, la eficiencia y en definitiva el rendimiento.

El triunfo del Efecto Pigmalión en el fútbolA lo largo de la historia, todo genio ha ido acompañado de su mentor, de esa persona que inyecta unas perspectivas altas sobre un cuerpo esculpido como la efigie de Pigmalión. Sin embargo, muchos líderes sólo tienen tiempo para atender las necesidades adictivas emocionales de uno mismo, para justificar su puesto en base al trabajo realizado y no a los objetivos cumplidos y no perciben que en el deporte como en cualquier otro ámbito de la vida si quieres llegar rápido debes ir solo, pero si quieres llegar lejos debes ir acompañado. Un líder se debe a sus subordinados y a las expectativas puestas en ellos para revertir cualquier situación, pensando en todo momento en generar una perspectiva realista para evitar un efecto negativo ya que como dijo Albert Einstein “todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su capacidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”.

Estamos en mes de mundial, muchos entrenadores quieren dar vida a su estatua, pero solo unos pocos creen en ello con la suficiente convicción para lograrlo, el resto continuarán venerando a un equipo inerte de perspectivas y confianza. Y tú ¿depositas verdadera confianza en los tuyos o presumes la palabrería y tópicos?

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Javier Sánchez Sánchez

D. Javier Sánchez Sánchez

javiersanchezsanchez22@gmail.com